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El Aparejador, ese gran desconocido.

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  • 15 abril, 2016 /
  • by Francisco Lodeiro /
  • Aparejador, Arquitecto Técnico, Branding, certificado energético, Dirección Obra, impuesto, Ingeniero de la Edificación, Ley Ómnibus, marketing y publicidad, oficio, profesión, tasa, valor añadido /
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Cualquier compañero de profesión que lea el título de esta entrada, dirá que no estoy en mis cabales. ¿Cómo se puede decir que los aparejadores son unos desconocidos para el público? Pues yo, humildemente, opino que aún a día de hoy, no se conoce bien lo que hacemos y lo que podemos aportar a la sociedad. O sino, ¿Por qué la forma de publicitarse de muchos compañeros, es mediante interminables listas de servicios expuestas en sus oficinas, en sus webs o en el reverso de sus tarjetas de visita? Acaso no es un síntoma de que tienen la necesidad de decirle al público: “Mira, aquí estoy yo, ¡puedo hacer todo esto!”.

Resulta curioso que un oficio que se remonta al S. XVI, donde hay escritos que dejan constancia de nuestra actividad, cinco siglos después, la mayoría de la gente no conozca dicha actividad en profundidad. Y cuando digo en profundidad, me refiero a que conozca aquello que hacemos en concreto, que no dude en llamarnos cuando tiene problemas de humedad en su vivienda, que se acuerde de nosotros si quiere hacer una parcelación en su finca o que no tenga ni una sola duda a la conclusión de su nueva vivienda, de la función y el servicio que le aportó el aparejador que contrató para hacerla.

El Aparejador, ese gran desconocido

Portada del libro “Aparejadores. Breve historia de una larga profesión”, publicado por el Consejo General de la Arquitectura Técnica.

Con todo esto que acabo de decir, no dejo de reconocer que somos una profesión con un fuerte arraigo social, que mucha gente conoce o ha oído hablar de ella (aunque de un modo superficial), que cuando les dices que eres aparejador, revelan un cierto grado de admiración por tu formación y conocimientos, y que en general, se te ubica fácilmente en el mundo de la construcción.  Pero con el título del post, lo que intento es mirar más allá de esa superficialidad. Acaso, si mañana le preguntamos a muchos de nuestros conocidos o cercanos, si saben exactamente lo que hacemos o podemos hacer por ellos, ¿alguno de ellos tendrá una respuesta clara y concisa? Mi experiencia me dice que no.

¿Y a qué se debe? Para mí son muchos y diversos los problemas que hemos tenido y tenemos. Por un lado una Legislación que nos ha dado “el privilegio” de tener actuaciones profesionales por Ley o norma, que han instaurado en el cliente un cierto rechazo a aquello que es de obligado cumplimiento y que no se puede rebatir. Y si a eso unimos, prácticas poco profesionales, por dejadez, por ausencia…etc., esos mismos clientes han desarrollado un pensamiento en el que no saben lo hacemos, lo que aportamos y para que servimos, salvo para estar ahí impuestos por la Ley. Otro problema es la falta de una estrategia de marketing y publicidad, tanto de forma individual (no nos han formado para ello) como conjunta (los Colegios profesionales no han puesto los medios adecuados), siendo tan importante como es. Y qué decir de nuestra denominación: Aparejador, Arquitecto Técnico, Ingeniero de la Edificación, Grado en Arquitectura Técnica…y lo que vendrá. Cuando hoy en día crear una marca (Branding en inglés) es vital para comunicar, nuestro oficio no sabe ni como se llama. ¿Cómo se van a dirigir a nosotros?

Y finalmente, lo que hemos conseguido lograr con todos estos problemas, es que el público que nos contrata, nos perciba como una “tasa”, un “impuesto” más, que deben pagar para hacer una obra, pero del que no van obtener un valor añadido. Ese es nuestro gran problema hoy en día. Una persona prefiere pagar 100 € por cambiar un grifo y no 100 € por un certificado energético. Así de triste.

Todo esto no es un problema reciente, pero si ha estado oculto, en base a unos honorarios profesionales mínimos que, hasta la Ley Ómnibus, se mantenían desde los inicios de la profesión.  Y desde que esos honorarios no existen, se han puesto de manifiesto nuestras debilidades. Al público en general, y más en tiempos de crisis, sólo le interesa el precio, entonces ¿por qué pagar 160 € por un certificado energético si lo consigue por 50 €? ¿Por qué pagar una buena Dirección de Ejecución que supervise su vivienda por 3000 €, si le hemos demostrado que por ese precio íbamos a la obra de cuando en cuando, y no saben muy bien a qué, y ahora por lo mismo pagan 1000 €?

Por tanto, no hemos sabido ni sabemos poner en valor lo que podemos ofrecer a nuestros clientes. Tenemos que lograr que entiendan que hay un valor añadido en un certificado de 160 € respecto de uno de 50 €. Tenemos que lograr explicar, comunicar, acompañar y dejar constancia con hechos, a nuestros clientes, que pagar 3000 € por una buena Dirección de Ejecución, les va a quitar muchos problemas en el presente y en futuro. Deben saber que “seremos sus ojos” en aquel encargo que nos hagan, que nos vamos a preocupar por sus objetivos, ya que serán los nuestros. Debemos entender, que nos debemos a ellos, y así entenderán lo que hacemos y lo que representamos los aparejadores. Buenos profesionales, no lo olvidemos.

Por tanto, si llegado a este punto, esperabas que mi entrada relatase todas las actividades que podemos hacer los aparejadores, prefiero que me llames o me mandes un e-mail, y te lo cuento en persona tomando un café.

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